por Santiago Suárez, 2013
En Costa Rica, la presencia de la religión en los centros de educación primaria y secundaria implica un razonamiento parcializado a favor de ciertas creencias religiosas. Las distintas creencias y el efecto de estas en sus seguidores pueden ser objeto de investigación y enseñanza; sin embargo, en los colegios costarricenses, en el marco de la educación religiosa suele practicarse el adoctrinamiento. Por lo tanto, la educación debe ser secularizada (es decir, separada de la religión) para ser objetiva. También se debe preparar a los estudiantes a trabajar tolerantemente con personas de diversas creencias.
La secularización involucra el corte entre lo religioso y las instituciones políticas. J. Miller propone que la influencia religiosa sea restringida y que la educación y el Estado sean independientes de la religión. Esta ruptura no representa la desaparición de la religión. El secularismo se ha visto como una característica definitoria de una sociedad moderna (Rashid, 2007). Sin embargo, la evolución de las sociedades modernas no vuelve obsoletas a las creencias religiosas, y sólo se rescata la autoridad inadecuada que poseía la religión sobre personas e instituciones sociales (Miller, 2008).
La secularización promueve la redefinición de los límites de la religión y su exposición al público de manera aceptable (Rashid, 2007), e involucra el cambio de una religión única hacia el pluralismo de creencias existentes en sociedades contemporáneas desarrolladas (Abel, Ghatak, s.f.). También representa el compromiso de proteger grupos minoritarios de la dominación de los mayoritarios para defender la libertad de credo (MARSHALL, 2011), y previene que el Estado promueva alguna religión en particular (Van Hooft, 2012) .
La predominancia de alguna religión suele negar autoridad moral a aquellos declarados seculares recurriendo a la falacia de que sólo gracias a la creencia en un ser superior puede una persona tener una moral. Por lo tanto, esta influencia representa un obstáculo para adquirir igualdad universal (Rashid, 2007).
Un ejemplo en el cual la religión ha impactado negativamente la educación es en la enseñanza de la evolución humana. El creacionismo, la ideología de que el origen de la vida viene de un ser superior, está caracterizado por el rechazo de una explicación científica de la historia de la vida a favor de una alternativa sobrenatural, por lo que presenta un reto a la enseñanza de la evolución. Grupos creacionistas en distintas partes de los Estados Unidos han intentado prohibir su enseñanza y han procurado representarla como científicamente controversial (Dispatches from the Evolution Wars, 2010).
Un punto clave de la educación es enseñar cómo pensar, no qué pensar. Dado que el aprendizaje involucra el acoger valores y estándares morales, la educación secular no tiene por qué carecer de estos. En un mundo pluralista, en donde la educación es parte de la vida y la cultura es relevante para la política, el conocimiento sobre religión es esencial (MARSHALL, 2011).
El debate entre religión y educación se divide en dos partes: cómo pueden las escuelas preparar ciudadanos para vivir en comunidades que respetan la diversidad religiosa y entender la religión; y cómo integrar valores fundamentales en el currículo educativo (MARSHALL, 2011).
La educación no debe ser vista como un medio para la inducción hacia la religión que puede conllevar al adoctrinamiento: debe impartir conocimiento y entendimiento sobre religión (Van Hooft, 2012). Es recomendable clarificar que la “educación religiosa” es acerca de las creencias y no para la religión. Por lo tanto, el uso de “religión comparativa” puede convertirse en un término más apto. El problema yace en cómo integrar ese conocimiento de manera respetuosa y acertada (MARSHALL, 2011).
Si se desea buscar que en Costa Rica se formen ciudadanos capaces de participar en este mundo pluralista, es necesaria la implementación de un cambio en la educación para prevenir el adoctrinamiento y promover un pensamiento tolerante hacia distintos credos.
La secularización involucra el corte entre lo religioso y las instituciones políticas. J. Miller propone que la influencia religiosa sea restringida y que la educación y el Estado sean independientes de la religión. Esta ruptura no representa la desaparición de la religión. El secularismo se ha visto como una característica definitoria de una sociedad moderna (Rashid, 2007). Sin embargo, la evolución de las sociedades modernas no vuelve obsoletas a las creencias religiosas, y sólo se rescata la autoridad inadecuada que poseía la religión sobre personas e instituciones sociales (Miller, 2008).
La secularización promueve la redefinición de los límites de la religión y su exposición al público de manera aceptable (Rashid, 2007), e involucra el cambio de una religión única hacia el pluralismo de creencias existentes en sociedades contemporáneas desarrolladas (Abel, Ghatak, s.f.). También representa el compromiso de proteger grupos minoritarios de la dominación de los mayoritarios para defender la libertad de credo (MARSHALL, 2011), y previene que el Estado promueva alguna religión en particular (Van Hooft, 2012) .
La predominancia de alguna religión suele negar autoridad moral a aquellos declarados seculares recurriendo a la falacia de que sólo gracias a la creencia en un ser superior puede una persona tener una moral. Por lo tanto, esta influencia representa un obstáculo para adquirir igualdad universal (Rashid, 2007).
Un ejemplo en el cual la religión ha impactado negativamente la educación es en la enseñanza de la evolución humana. El creacionismo, la ideología de que el origen de la vida viene de un ser superior, está caracterizado por el rechazo de una explicación científica de la historia de la vida a favor de una alternativa sobrenatural, por lo que presenta un reto a la enseñanza de la evolución. Grupos creacionistas en distintas partes de los Estados Unidos han intentado prohibir su enseñanza y han procurado representarla como científicamente controversial (Dispatches from the Evolution Wars, 2010).
Un punto clave de la educación es enseñar cómo pensar, no qué pensar. Dado que el aprendizaje involucra el acoger valores y estándares morales, la educación secular no tiene por qué carecer de estos. En un mundo pluralista, en donde la educación es parte de la vida y la cultura es relevante para la política, el conocimiento sobre religión es esencial (MARSHALL, 2011).
El debate entre religión y educación se divide en dos partes: cómo pueden las escuelas preparar ciudadanos para vivir en comunidades que respetan la diversidad religiosa y entender la religión; y cómo integrar valores fundamentales en el currículo educativo (MARSHALL, 2011).
La educación no debe ser vista como un medio para la inducción hacia la religión que puede conllevar al adoctrinamiento: debe impartir conocimiento y entendimiento sobre religión (Van Hooft, 2012). Es recomendable clarificar que la “educación religiosa” es acerca de las creencias y no para la religión. Por lo tanto, el uso de “religión comparativa” puede convertirse en un término más apto. El problema yace en cómo integrar ese conocimiento de manera respetuosa y acertada (MARSHALL, 2011).
Si se desea buscar que en Costa Rica se formen ciudadanos capaces de participar en este mundo pluralista, es necesaria la implementación de un cambio en la educación para prevenir el adoctrinamiento y promover un pensamiento tolerante hacia distintos credos.
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